
profesiones, expertos
Prefiero la práctica a la teoría
Miguel Ángel Mora, director de fotografía de numerosísimos cortometrajes, publicidad y televisión, acaba de terminar el rodaje de su primera película en cine. Nos habla de su experiencia y de sus comienzos.
¿Cómo has llegado hasta aquí?
Yo quería a entrar en Periodismo, pero habían demasiados alumnos y no vi mucho futuro en esa carrera, así que pregunté a una amiga por la carrera de Imagen y sonido, donde en aquel momento sólo habían trescientos alumnos, lo vi más factible y la comencé a hacer.
¿Cuándo te diste cuenta de que lo tuyo era la fotografía?
Por aquella época. A mí, por ejemplo, desde siempre me ha gustado mucho escribir, lo que ocurrió es que no tenía tesón para las cosas, empezaba a desarrollar una cosa pero no era capaz de terminarla, ya que enseguida tenía que pasar a otra cosa. Para mí siempre tenía que ser algo inmediato, entonces llegué a la conclusión de que algo inmediato y creativo era la fotografía. Desde que llegué a primeros de carrera se convirtió en una obsesión. Yo tenía que ser director de fotografía. El camino fue desde los dieciocho años hasta que lo conseguí con veintinueve.
Una vez terminada la carrera ingresaste en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM)...
En efecto, con veintitrés años. Yo ya había hecho mis cortos fuera de la Escuela, había colaborado en treinta y cinco cortos, así que ya sabía un poco de qué iba el oficio. Aún así la Escuela fue una experiencia, aunque también creaba mucha competitividad. Es más, la competitividad que había en la Escuela de Cine era desproporcionada a la formación que se ofrecía. Porque si se ofrece una formación tan, tan buena, que se corresponde con ese ímpetu, ese tesón y esas ganas, ese sacrificio que hacíamos todos para conseguirlo, pues estupendo. Pero la formación no se correspondía con eso. La competitividad surgía porque algunos alumnos tenían que irse con el paso de curso. A mí no me parecía bien esa competitividad, ya que la gente lo daba todo allí. Pero bueno, ninguna escuela te va a enseñar este oficio, eso está claro. Para mí son más interesantes los seminarios intensivos con directores de fotografía.
¿Teoría o práctica?
Práctica. La teoría al fin y al cabo está en los libros. Quizás en ciertos métodos pedagógicos falta un mayor contacto con la profesión. También es cierto que conté con profesores como Francisco Madruga, al que le estoy bastante agradecido ya que me construyó una biblioteca en la cabeza que utilizo, no sé, pues cuando tengo un problema óptico, por ejemplo. Me ordenó los conocimientos y eso luego también ayuda.
“Al compartir nuestros conocimientos y las cosas que hacemos, todos seremos mejores”
¿Qué tal la experiencia, tras veinticinco cortometrajes, de rodar por primera vez un cortometraje en 35 mm en la Escuela de Cine?
Muy intenso. Muchos nervios y ganas. La verdad es que disfrutas sólo un diez por ciento del tiempo, ya que el otro noventa estás intentando pasarlo bien, pero creo que la parte creativa es cuando estás sentado delante del papel, luego, cuando vas a rodar, muchas de estas cosas te atenazan un poco y después, con la experiencia, ya lo vas aprendiendo a dominar.
¿Muchos nervios ante la responsabilidad de manejar un presupuesto?
Los nervios al fin y al cabo son por la inexperiencia y la inseguridad, pero eso es algo que se va paliando con el trabajo.
¿Cuáles fueron los trabajos posteriores al diplomarte en la escuela de cine?
Lo primero que hice un mes antes de acabar en la Escuela fue una película titulada Nómadas de Gonzalo López-Gallego, donde ejercí de video-assist . Más tarde trabajé en Teresa, Teresa, donde empecé como video-assist y acabé de auxiliar de dos cámaras. También en First Team, el curso de interpretación de Assumpta Serna.
¿Cómo fue la experiencia de trabajar en Nómadas, una película con una gran fotografía?
Yo, ha habido momentos en mi vida en los que he disfrutado muchísimo, dos en especial, como por ejemplo la primera vez que vi una cámara de cine en la Escuela, ya que había estado tanto tiempo leyendo cómo era una cámara de cine, lo que era un obturador, el contra garfio, etc..., que cuando ves la cámara por primera vez en vivo te quedas maravillado y dices “¡joder, esto es así!”. La segunda vez que disfruté fue trabajar por fin en una película, porque ves la profesión mucho más cercana y hasta entonces la escuela es tu mundo, pero al salir te das cuenta de lo pequeño que es el mundo de la escuela.
A partir de ahí entraste en el mundo de la publicidad.
Sí, las personas con las que trabajé en Nómadas, Lee Films, me llamaron para hacer una publicidad de video-assist. Lo debí hacer bien y me volvieron a llamar, así que estuve trabajando como técnico de vídeo durante tres años con gente buenísima en el equipo de cámara. Durante ese período fui aprendiendo mucho, ya que fueron muchas cosas nuevas, como por ejemplo la primera vez que vi una Panther, una cabeza caliente, etc... Ahí es realmente donde aprendí a ver la parte práctica de lo que habían enseñado en la escuela.
¿Tienen los equipos de cámara una estructura jerárquica muy delimitada?, ¿es difícil subir puestos?
Sí es difícil pasar de video-assist a auxiliar y más tarde a foquista, para llegar a llevar la cámara y acabar como muchos queremos, a directores de fotografía. Ahora parece que hay gente que lo consigue más fácilmente gracias a los cortometrajes que realizan. A mí, tras ejercer de video-assist, rechacé la idea de ser auxiliar y gracias a los cortometrajes que hice me llamaron para una publicidad para la DGT donde ejercí como operador (director de fotografía).
¿Crees en la suerte?
La suerte te vale para que te llegue el trabajo. Muchas veces sí es suerte. Te puedes pasar un buen día por una productora a saludar a un amigo y justo en ese instante hay un proyecto, te ven y se les ocurre dártelo. El primer trabajo tiene mucho de suerte, pero esa misma suerte no te vale para poner el segundo pie. Ya interviene lo que tú valgas y tú trabajo. Por eso es importante hacerte una recopilación de tu trabajo (la bobina) para poder mostrarlo. Llega un momento en que lo que quieres es empezar a ganar dinero. Terminas los estudios y te puedes plantar con veintiséis años, en la calle y sin dinero, así que quieres trabajar. Yo seguí trabajando en lo que salía o me interesaba hasta que llegó la película Tres días, de Javier Gutiérrez, con el que ya había trabajado en el corto Brasil.
¿Hay mucha diferencia a la hora de encarar un cortometraje con respecto a un largometraje?
Para mí es igual. En definitiva de lo que se trata es de llevar un texto e imágenes. Cambia la duración. De una manera es una hora y media y de la otra puede oscilar entre un minuto y media hora (cosa que desaconsejo). Un largometraje es más complicado de preparar, evidentemente. También depende del tiempo de preparación que tengas para cada cosa. También es necesaria la capacidad de improvisación, de hecho, planificarte mucho las cosas es para poder tener durante el rodaje más capacidad de improvisación.
¿Cómo fue la experiencia con Javier Gutiérrez, el director de Tres días?
Me parece un tío con un talento innato y una perseverancia impresionante para el trabajo. Me alegro enormemente de trabajar con alguien tan genial.
¿Cuáles son tus futuros proyectos?
Un documental sobre flamenco, sobre Tito Losada y su compañía. Hemos rodado en Méjico y ahora nos vamos a Japón a terminarla.
¿Qué opinas sobre la iniciativa que propone Cinemavip?
Creo que en España faltaba algún portal donde compartir tus conocimientos, donde relacionarnos y compartir todas las cosas que se hacen. Todos seremos mejores.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar en esto?
Que mire dentro de sí mismo si es realmente lo que más quiere hacer en esta vida. Que lo tenga claro. Cuando lo tenga así de claro, que no se rinda nunca.

Entrevista realizada por Jorge Dantart
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