
profesiones, expertos

Aún mantengo un espíritu de aficionado.
Felipe Vega (León, 1952), director, guionista y documentalista. Ha dirigido siete películas (Mujeres en el parque, Nubes de verano o un Paraguas para tres, entre otras) y varios documentales. Ganador del Premio a Mejor Dirección Novel en el Festival de Cine de San Sebastián en 1988. Profesor de la ECAM. Felipe relata a Cinemavip cómo fueron sus inicios.
¿Cómo has llegado hasta aquí?
Mi caso es un poco tópico, porque fue muy pronto, siendo muy joven. Curiosamente fue al ver una película de Buñuel, Ensayo de un crimen. De los diez a los quince años es cuando ya comienzo a hacer otras lecturas de las películas, es ya cuando los nombres de los directores de cine me empiezan a sonar, como por ejemplo John Ford o Howard Hawks. Es entonces, a los quince años cuando veo la película de Buñuel y coincide con que en mi casa hay una cámara de 8 mm que le regalan a mi padre, y ahí es cuando ya empiezo a rodar.
¿Qué es lo primero que recuerdas haber rodado?
Lo primero fueron rollos sueltos, más tarde pequeños documentales. Y así poco a poco, desde los quince años hasta los veinte.
Ya habías tenido una experiencia cinematográfica al haber estado de niño participando en el rodaje de Doctor Zhivago, ¿cuál es tu recuerdo de esa experiencia?
El mejor recuerdo que yo tengo de esa experiencia es que con los tres días que estuve trabajando en esa película de extra conseguí el dinero para comprarme la bicicleta. Y luego tengo grabadas imágenes de cómo se reconstruyó un Moscú nevado en un descampado. El recuerdo que tengo es de un rodaje muy intimidatorio. En ningún momento vi ni al director ni las cámaras, yo sólo oía las voces de los ayudantes de dirección de un lado para otro, era como todo muy caótico.
¿Por eso te dedicaste a hacer un cine más intimista?
(Risas) Pues podría ser posible, me marcó tanto que decidí no rodar ni con caballos ni guerras. No, la verdad es que más tarde nunca me he logrado ver en la película. Sé que soy uno de los niños que corren, pero no tengo una referencia espacial más que de la calle y de las carreras.
Por cierto, ¿te gusta la película?
Sí, la verdad es que me gusta mucho la película, pero sobre todo me gusta muchísimo el libro.
Una vez con la cámara, ¿cuáles fueron tus siguientes pasos?
Me dediqué a ponerme a rodar con amigos. Nos pusimos mucho más en serio. La verdad es que fuimos progresando. Hacíamos películas de veinte minutos o media hora de duración, que ya se iba pareciendo más a lo que podía ser un largo. Rodaba ficciones que a veces se quedaban sin terminar, así que también rodaba documentales que tenían otra estructura. De hecho con uno de ellos gané un premio en un colegio, con dieciséis años, era un documental titulado Un mundo de contrastes en el que observaban las distintas profesiones en distintas escalas sociales, en el año 1966.
A partir de ahí estudias Derecho y no logras entrar en la Escuela de Cine…
Efectivamente, no logro entrar porque Fraga la cierra, entonces yo soy de los que entra en 1970 en la primera promoción de Ciencias de la Información. Por entonces encuentro trabajo en unos estudios de publicidad muy potentes, los estudios Moro. Ahí comienzo a trabajar de ayudante de montador.
“Siendo ayudante de dirección me sentía algo canalla, algo ladrón. Siempre observando”
Y de ahí a la mili…
Efectivamente, y me corta durante dos años, pero curiosamente tuve una grata sorpresa al volver, y era que me habían guardado el trabajo de ayudante de montador. De ahí comencé a trabajar en publicidad de ayudante de dirección hasta el año 1975, cuando comienzo ya a dirigir publicidad, pero una publicidad muy barata.
¿Qué tal la experiencia al entrar como director en el mundo de la publicidad?
Pues tan buena que han sido muchísimos años de mi vida, de hecho es la formación que recibo. Son quince años de mi vida. La primera sensación para mí es la suerte de haber aprendido todos los tipos de planos y de cámaras posibles, de hecho cuando realicé mi primer largo descubrí todo lo que había aprendido. Aprendí muchísimos conocimientos técnicos.
También habías pasado por casi todos los puestos de un equipo de rodaje.
En efecto y yo creo que es muy importante, no es estrictamente necesario, pero muy positivo para saber desenvolverte. Yo cuando trabajaba como ayudante de dirección aprendí mucho sobre todo a observar al resto del equipo, yo lo definiría como una forma de espionaje, incluso. Estar detrás del director ha sido muy importante para mí. Mirar sin ser mirado.
¿Algo voyeur?
(Risas) Y algo canalla, algo ladrón.
¿Era más fácil en aquella época hacer una película que ahora?
Yo tengo la impresión, tratando de ser objetivo, que no hay muchas diferencia entre esa época y ahora. Hay cosas que no cambian nunca.
Fuiste Redactor Jefe de la revista Casablanca.
En efecto. Fueron tres años en los que me dediqué exclusivamente a eso y fue una buena experiencia. No tuve que llegar a compaginarlo con ninguna otra actividad.
¿Cómo fue el camino hacia tu primera película Mientras haya luz?
Pues un camino muy raro, la verdad. Tras la experiencia de Casablanca, volví a la publicidad, pero bueno, quizás a unos niveles más altos. Hay una cosa importante, la verdad, yo nunca llegué a pensar en que iba a ser director de cine, no he tenido en la cabeza esas presiones. Sí realicé El viaje a Ampurdán, un cortometraje en 35 mm, pero un largo no me lo planteaba. Fue en un viaje a Italia en un parón entre un trabajo de publicidad y otro, cuando escribo un guión de una película y realicé como media hora, pero entonces estaba la ley Miró del cine y no me quisieron poner el dinero para el resto. Dos años después entro en contacto con Fernando Méndez-Leite, que era Director General de Cinematografía y vio esa primera media hora y aprobó el proyecto. Me vi de repente y sin habérmelo planteado del todo rodando mi primera película en 1987.
¿Cómo fue la experiencia de rodar una película tras tantos años en publicidad?
Bueno, es muy buen recuerdo. El rodaje de una primera película es siempre un recuerdo inolvidable. Es como la anécdota de Bertolucci cuando fue ayudante de Pasolini en Accattone. Decía que en la primera película, un travelling era el primer travelling en la historia del cine y una panorámica era la primera panorámica en la historia del cine. Es esa sensación de descubrir el cine como si lo estuvieras descubriendo en ese momento. Encima es un rodaje con amigos, que es lo mejor de lo mejor. Y, aunque haya poco dinero es una aventura maravillosa.
¿Te sorprendió el hecho de ganar el premio a mejor dirección novel en el festival de San Sebastián?
Sí, completamente, porque además fueron varias cosas. Una porque como había poco dinero, el laboratorio no cedía al principio la copia para llevarla al festival, así que por un lado teníamos bastante suspense y segundo que entre llegar, la proyección. El pase, el contacto con el público y el premio no pasó ni un día y medio como mucho, así que fue muy sorprendente.
¿Escribiste esta película tú solo?
Sí, sí que la escribí yo solo. Mi intención además no era escribir yo el guión de la película, pero era obligatorio. Intenté no escribirlo. Pero me puse y un día me planté con ciento cuarenta páginas.
Más adelante te has apoyado en otros escritores de la talla de Julio Llamazares o Manuel Hidalgo, ¿cómo fue la sensación de escribir un guión en solitario?
Tengo recuerdos poco claros, recuerdo lo del viaje a Italia. Recuerdo también que iban saliendo las hojas con bastante facilidad, todo muy fluído.
¿Sabías que iba a ser una buena película mientras la escribía?
La verdad es que ni me lo planteé. La verdad es que nunca me lo he llegado a plantear. Yo tengo una sensación todo el rato de felicidad, de estar como todo el rato en las nubes, de estar feliz. También es un recuerdo muy compartido por la gente que se involucró con el proyecto.
¿Existe fórmula para realizar una primera película?
Yo creo que no, que cada uno tiene su sistema. Que cada uno tiene que ser uno mismo, lo que ocurre es que lo realmente complicado es darse cuenta de cuando uno es uno mismo. A mí, particularmente lo que me gusta es el cine, no el hecho de ser un director de cine. Soy un profesional pero mantengo un espíritu muy de aficionado.
Entrevista realizada por Jorge Dantart

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