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¿Cómo he llegado a esto?

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Espacio dónde entrevistamos a diferentes profesionales y expertos del sector audiovisual. Averigua cuáles han sido los pasos que han dado y qué consejos pueden darnos para seguir su misma trayectoria.

ENTREVISTA JUAN POLANCO

Publicado el 11/04/2008, por laurika
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Imagen Juan Polanco de laurika

Para llegar a ser actor hay que estudiar.

Juan Polanco, nacido en Oviedo, es un actor con una extensísima trayectoria en la que ha tocado prácticamente todos los palos. Cine (El lobo, Pídele cuentas al Reu o Justino, un asesino de la tercera edad), televisión (El comisario, Médico de familia, Hospital central) y muchísimo teatro. Nos cuenta cómo ha llegado a esto.

¿Cómo has llegado a esto?

Desde muy pequeñito, casi desde que aprendí a hablar. Ya en el colegio siempre me seleccionaban para realizar todas las obras de teatro. Parece ser que leía muy bien y pronunciaba también muy correctamente. A mí me gustaba mucho, la verdad.

¿Cuándo fue el siguiente paso importante?

La siguiente decisión fue ya cuando tenía alrededor de los diecisiete años. A mí me gustaba mucho la música y tocaba el bajo en una orquesta. A la vez interpretaba con el grupo del instituto. El problema surgió cuando coincidieron las dos cosas. Con el grupo de teatro ganamos un premio en León el mismo día que o tocaba con una orquesta en una boda. Tuve que elegir, y elegí el teatro. Ahí fue yo creo que cuando pensé “voy a ir a Madrid a estudiar teatro”

¿Cuáles fueron los primeros pasos en tu formación al llegar a Madrid?

Al llegar lo primero que hice fue realizar el examen de ingreso en la RESAD, lo aprobé pero el problema fue que aprobé más de la cuenta. Entonces quedé fuera de la escuela, pero aún así yo decidí quedarme en Madrid. Fue un año un tanto extraño porque la verdad es que no hice nada. Realicé alguna prueba que otra pero no mucho más. En el segundo volví a repetir las pruebas de ingreso a la RESAD y por fin conseguí entrar.

¿Fue ahí cuando hiciste tu primera obra “importante”?

En efecto, allí ya entré en contacto con mucha gente joven que nos queríamos dedicar a esto y nos llamaron para hacer Las bicicletas son para el verano. Fuimos todos al Teatro Español donde nos hicieron unas pruebas y me dieron un papelito en la obra. Ese fue mi primer trabajo. Curiosamente, para gran disgusto de mi profesor de interpretación que no paraba de decirme “con lo poco que sabes, qué coño haces encima de ese escenario”. Fue una experiencia inolvidable.

Y llegó la mili...

Efectivamente, y tuve que abandonar Las bicicletas son para el verano. Después, al regresar hice tercero de la Escuela y comencé a trabajar pues como todos. Comencé a trabajar con el profesor de verso, José Osuna, que a la vez era productor y director de teatro. Por aquel entonces estaba haciendo la obra Fuenteovejuna. El actor que hacía el papel de gracioso se le fue y me llamó. Tuve solamente tres días para preparármelo entre estudio y ensayo.

¿Cuál fue la primera sensación de haber pensado en la interpretación como profesión?

En la primera asamblea de actores a la que acudí. Estaba ahí sentado con todo el firmamento de la profesión y me di cuenta de que nadie me miraba con recelo y no se comportaban como si fueran de otra galaxia.

Tras tu formación teatral, ¿cómo fue tu adaptación al mundo audiovisual?

Mi primera aparición en televisión fue con Antonio Mercero haciendo Turno de oficio y fue una experiencia fantástica porque, a pesar de que yo había dado ya algunos cursos de televisión y cámara, Antonio me enseñó cómo funcionaban todos los tipos de planos, desde el primer plano hasta el general. Yo tenía una secuencia en un plano muy corto y tenía la manía de mover mucho la mano, por lo que se salía del plano. Mercero insistía en que no hacía falta que moviese tanto la mano. Volvíamos a rodar y lo mismo, otra vez cortaron. Al final Mercero me puso a mí mirando a través del objetivo la cámara y él se puso realizando la acción y a la vez mostrándome los límites del encuadre de la cámara. Mercero me enseñó mucho en cuanto a la interpretación en televisión y me di cuenta de que la técnica interpretativa entre un sector y otro son muy distintos.

¿Cómo se adapta uno a la inconstancia de esta profesión?

Esa es la gran pregunta que todos quisiéramos contestar. En mi caso, por lo menos, dos veces estuve a punto de coger las maletas y regresar a Oviedo.

¿Qué lo impidió?

En la primera fue al coger el teléfono, justo cuando me iba a ir. Me llamaban para una sesión de doblaje. La segunda vez estaba en la misma situación, con la maleta en la puerta y en ese caso creo recordar que era para una serie de televisión. El secreto quizás pueda ser aguantar, tener mucho optimismo, saber que tienes mucho que ofrecer encima del escenario y delante de la cámara y aguantar.

¿En esta profesión Dios aprieta pero no ahoga?

¡Alguno se ha ahogado!, pero bueno, quizás no haya sido Dios, quizás haya sido por sí mismo. Como yo fui socorrista quizás me salvé (risas). Pero ya en serio, lo peor no es el hecho de no tener dinero para comer o para pagar el piso, lo peor es tener la sensación de que no sirves para esto. Eso es lo más preocupante.

¿Trabajaste de socorrista?

Durante los veranos, trabajaba de socorrista en Asturias. Yo trabajaba seis meses de socorrista y luego vivía de lo que me daban aquí en Madrid en el desempleo. Aparte de este trabajo, tuve otro muy curioso, que fue ser relaciones públicas de una discoteca. Lo más curioso y paradójico de todo esto es que el puesto de socorrista lo conseguí porque sustituía a otro que precisamente se iba a hacer una película.

De todos los trabajos que has hecho, ¿cuáles son los que recuerdas con más cariño en cine?

En cine te diría que dos películas y además las dos de La Cuadrilla. La primera que destacaría sería Justino, un asesino de la tercera edad. Era un película coral, a excepción de Justino. Era una película maravillosa y con un ambiente en el equipo magnífico. La segunda, también de La Cuadrilla, por rodar durante más de un mes en Galicia. Salir de Madrid y estar con todo el equipo tanto tiempo conviviendo.

¿Y en televisión?

Quizás, también por toda la trascendencia que tuvo, te diría que Médico de Familia. La primera y la segunda temporada, en las que yo tenía un personaje fijo y la relación con el equipo era también excelente. Además, escuchar a Emilio Aragón diciéndonos cosas como “bueno, chicos, vosotros sois los actores, enseñarme”. El trabajo era encantador, siempre bajo la premisa de la risa, del buen hacer... Se trabajaba muy bien.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere ser actor?

Que estudie. Que estudie y sea además consciente de lo que quiere hacer. Cualquier tipo de sabiduría es válida para interpretar, pero estudiar arte dramático es fundamental. Ser consciente de las posibilidades que tiene. Sobre todo estudiar.

Imagen Jorge de laurika

Entrevista realizada por Jorge Dantart


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Comentarios a este Post: 1
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Enhorabuena por el carreron. A mi de pequeño me hubiera encantado entrar en esa Escuela, luego me di cuenta de que mi lugar estaba mejor detras de las camaras. Saludos!

Enviado el 11/04/2008 a las 16:13 horas por Pablooo


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