
profesiones, expertos

En esta profesión no se puede dejar de aprender
¿Cómo has llegado hasta aquí?
Mi llegada al mundo de la interpretación es casual en todo momento. Yo no soy el típico actor que soñaba con serlo desde muy pequeño. Sí es cierto que había hecho baile, que me gustaba mucho cantar...., pero no lo tenía pensado, de repente sucedió algo en mi vida y por casualidad. Entré en un grupo de teatro amateur, pero no con vistas a que eso fuese mi profesión, sino como alternativa de ocio.
¿Qué hacías con el grupo teatral?
Pues concretamente hice como cuatro espectáculos. Empecé el primero con mucha ilusión, pero fue a medida que iba trabajando con ellos fui involucrándome cada vez más y más hasta que de repente me vi en el cuarto espectáculo actuando, como ayudante de dirección, haciendo la escenografía, etc... Fue ahí cuando me planté y me dije: “esto es lo que yo quiero hacer”
¿Cuál fue entonces tu próximo paso?
Me enteré entonces de que existía una escuela en Valladolid, La Escuela de Teatro de Valladolid. Me preparé unas pruebas con el “ay mísero de mí” y el Don Juan de La señorita Julia. Me cogieron en las pruebas y ahí empezó este calvario. Fueron unos años maravillosos porque se juntaron un montón de factores importantes. Fue una especie de unión de cosas. Se juntó un grupo de alumnos excepcionales entre los que se encontraban Ana Otero, Fernando Cayo... y tirábamos del carro de un modo increíble. Nos pasábamos el día demandando cosas. También un profesorado magistral que nos apoyaba muchísimo.
¿Cómo fue el paso de Valladolid a Madrid?
A pesar de querer dedicarme a esto, mi intención no era realmente venirme a Madrid. En aquél momento había muchísimo movimiento teatral en Valladolid y lo que tenía pensado era subsistir del teatro. En cine y televisión ni había llegado a pensar. Además, mi formación era únicamente teatral. Al final tras pensármelo decidí venir a Madrid. Así que un buen día llegué, además con trabajo en hostelería ya que no tenía ayudas económicas. Una amiga mía tenía una empresa de hosterlería donde trabajaba de seis de la mañana a tres de la tarde. Al principio no fue tan duro porque nada más a los dos meses de llegar comencé a trabajar en una función e inmediatamente un papel en El maestro de esgrima, de Pedro Olea.
¿Qué tal la experiencia de aquella película?
Aquello para mí era lo más, porque eran muchos factores positivos: un personaje muy interesante, seis días de rodaje, trabajaba con Joaquím de Almeida. Yo pedí permiso en la obra de teatro, porque necesitaba esos días de rodaje y curiosamente me dijeron que no. Así que decidí dejar la función para irme a la película.
¿Cómo fue tu sensación de cara a afrontar un primer trabajo de esa magnitud?
Yo me sentía un poco perdido, la verdad. Al final me llevé un pequeño palo. Yo soy un cinéfilo empedernido y me gusta que me engañen con las películas. Yo me dejo engañar con una facilidad alucinante y cuando de repente veo que todo es mentira, me llevé un palo muy grande. Pero bueno, eso se solucionó yendo al cine a ver una película de Spielberg. Después, en el rodaje, ya entré nuevamente en el juego de la mentira. Pero llegué sin saber esto de que por ejemplo, mi entrada en la casa del perwsonaje, se hacía: la subida por la escalera en un lado, la puerta en el otro lado y el salón más lejos aún. Yo al principio me volvía loco. Me sentía muy pequeñito, pero al final te va gustando cada vez más y te acostumbras.
A partir de esa película...
A partir de esa película volví a poner copas. (Risas) Yo decía ¡esto es jauja, ya está todo hecho!. Hace poco le oí decir a un director, Mariano Barroso, que el estado natural de un actor es estar en paro. Todos luchamos porque eso no sea así. La verdad es que yo nunca he parado de trabajar, pero es muy difícil vivir de ello. Va mucho a temporadas porque a veces coinciden papeles en series con obras de teatro, etc..
“Para mí no hay mucha diferencia entre cine y tele. Uno tiene que tener muy claro siempre el sitio donde está”
¿Qué supone para una actor de teatro empezar a trabajar en el mundo del audiovisual, cómo te adaptas?
Es complicado, más que nada porque tú haces el trabajo y luego te ves, y ves los errores, claro. Tuve la tremenda suerte que puede haber, que es empezar con Paco Pino y Luis Gimeno. Todo lo que sé del audiovisual lo debo en mucha parte a la ayuda de estas dos personas.
¿Qué diferencias a nivel interpretativo podrías destacar entre el teatro y el audiovisual?
Depende mucho del actor. Hay actores que trabajan de la misma manera en cine, teatro y televisión. Yo, siempre he pensado que tengo una voz muy teatral y es, por ejemplo, algo que intento corregir cuando hago cine o televisión. Pero la forma de abordar un personaje intento hacerlo siempre de la misma manera. Uno tiene que tener muy claro siempre el sitio donde está. Para mí no hay mucha diferencia entre cine y tele. La diferencia quizás más notable es que la televisión es muy inmediata y tienes que estar muy preparado. En cine tienes tiempo para prepararte.
¿Dónde te sientes más cómodo?
Son distintas. El teatro es mi medio y donde me siento más libre, pero también me gusta mucho trabajar delante de la cámara.
Dos series de televisión en las que has actuado son muy teatrales, como Agitación Masiva y Amar en Tiempos revueltos... ¿no echas de menos la respuesta inmediata del público?
No, porque la verdad es que no he dejado nunca de hacer teatro. Siempre me sale alguna obra. Te puede faltar en un momento dado, pero tampoco dejas de hacerlo del todo.
Ahora mismo estás escribiendo el guión de un cortometraje con una de las guionistas de la serie Hospital Central. ¿Te influye mucho el hecho de ser actor a la hora de escribir?
Me influye todo. Escribo mucho pensando en mí, la verdad. Es cierto que ya hay personajes que los escribes con mis características. La guionista me da la técnica de guionista, pero yo pongo mi granito de arena. Ella quiere definirlo de una manera y yo de otra. También me gustaría mucho pasar a la dirección. La verdad es que me gusta hacer de todo.
¿Cuál es el cine que a ti te gusta?
Soy muy almodovariano, me gusta todo lo que hace. Me interesa también, por ejemplo, el tempo y el color del cine oriental. Es magistral. Kim Ki Duk, por ejemplo, tiene películas impresionantes.
¿Qué opinas de una iniciativa como la de Cinemavip?
A mí me parece fantástico que también los que llevamos tiempo necesitamos páginas de este tipo, para saber qué es lo que se está moviendo. Esta es la profesión del no dejar nunca de aprender. Es un continuo dar y recibir.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar a ser actor?
El actor tiene que tener muy claro que, al igual que para un violinista su instrumento es el violín, nuestro instrumento somos nosotros y tenemos que tenerlo afinado en todo momento. Hay que hacer muchas cosas, porque aprendes de todo el mundo y una gran variedad de cosas. Así siempre estarás afinado.
¿Una escena favorita?
Una escena de Azul, de Kieslowsky, cuando está en el hospital debajo de las sábanas.
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